Ferroviario

En 1863 llegó el ferrocarril a Irun, un hecho que cambió la historia de la ciudad.
El poeta Gustavo Adolfo Bécquer asistió a aquel gran acontecimiento, y enunció la frase que luego se haría famosa: “Ya no hay Pirineos. Tampoco Alpes ni cordilleras que nos dividan”.
En aquel año se vivió la apertura al tráfico de la sección San Sebastián a Irun de la compañía Ferrocarril del Norte, una de las últimas etapas que llevaría a la conclusión de la gran arteria ferroviaria de Madrid a París un año después.
Para cubrir los dos únicos tramos que faltaban, es decir, las secciones de Olazagutia a Beasain y de Irun a Baiona, la Compañía del Norte puso a disposición de los viajeros diligencias. En total, con los dos trasbordos en diligencia, el tiempo de viaje entre París y Madrid quedó establecido en 46 horas. Un año más tarde, la conclusión definitiva de las obras del ferrocarril del Norte permitió reducir el trayecto a 37 horas.
La llegada del ferrocarril convirtió a Irun en un importante nudo de
comunicaciones con Europa, pues desde ella se hacían los necesarios
transbordos para pasar de los trenes de ancho de vía peninsular a ancho de vía europeo.