Antorchera

En 1522 Irun estaba bajo el mando de los capitanes Juan Pérez de Azkue, natural de Hondarribia y Miguel de Ambulodi, vecino de Irun y natural de Oiartzun. Contaban con 400 soldados para hacer frente al ejército franco-navarro que amenazaba con atacar la ciudad. Al considerar este número insuficiente, se dirigieron a Donostia-San Sebastián para informar y pedir refuerzos al Capitán General don Beltrán de la Cueva, que disponía de menos de 2000 soldados y de 200 hombres de caballería para defender su ciudad.
Aunque el Capitán General en primera instancia se resistió a colaborar por la dificultad que presentaba la batalla, finalmente cedió y decidió poner a su servicio casi todas sus tropas y 150 hombres de caballería.
Mientras, Pedro de Irizar clérigo y vecino de Rentería reunió a 400 mujeres y niños. Poseedor de una partida de 400 hachas de palo, las repartió entre el grupo, las encendió a modo de antorchas y por la noche los guió por el camino real desde el cruce de los caminos de Oiartzun y Rentería hacia Irun.
El ejército enemigo, al ver las hachas encendidas y avanzando hacia él pensó que el ataque vendría por ese lado de Irun, lo que les otorgó cierta ventaja a los capitanes Azcue y Ambulodi quienes, con las tropas locales, atacaron a los franceses por la otra cara del monte. En consecuencia, el ejército invasor inició la huida sin esperar a ningún tipo de enfrentamiento.
En 1998 la asociación Pagoki recuperó el acto de rememoración de las antorcheras y desde entonces gran número de mujeres y niños recorren las calles de Irun cada anochecer del 29 de junio, bajo el sonido del chocar de cocos, que recuerda aquel sonido de cascos de caballos que llevó a engaño al enemigo, mientras la luz de las antorchas ilumina el camino.