Amona Baserritarra – Kattalin

En el caserío las tareas están muy bien definidas y cada uno sabe qué tiene que hacer.

Del mismo modo que los animales y las labores de fuera de la casa por tradición han correspondido a los hombres, las plantas de la huerta siempre han sido de dominio particular de la etxekoandre, quien incluso entabla una relación de afecto con ellas. “Esta planta está alegre aquí”,.o “estos pobres puerros están mustios” son expresiones que se oyen con frecuencia. Ello obedece a que la baratza está unida al hogar y a sus funciones alimenticias (más inmediatas), estéticas y culturales, por lo que se establece una relación de dependencia recíproca.

También, por tradición, han sido ellas las que se han encargado de bajar al mercado a vender los productos de la huerta. El caserío siempre ha sido, además de hogar, un centro de trabajo. Hasta hace poco tiempo la variedad de cultivos y de animales criados en el seno del baserri permitían obtener prácticamente todos los alimentos básicos y necesarios para la subsistencia tanto para los de casa, como para los de fuera. Y es que lo que se vendía podía suponer una fuente interesante de ingresos económicos.

La plaza Urdanibia de Irun siempre se ha destacado como espacio de ferias y mercados y allí es donde durante años se han vendido esas frutas y hortalizas que se habían recogido de las huertas de los caseríos de la zona. Porque, aunque hoy nos cueste imaginarlo, en un tiempo Irun también fue rural y los productos de la tierra abundantes.

Nuestra giganta lleva el nombre Kattalin en honor a la amona de nuestro amigo Txemi. El día de su estreno, Txemi, su ama y su tía, colocaron a nuestra giganta 2 broches de «su amona Kattalin».